La cámara de cine


Toda cámaras de cine, al igual que antes habían hecho las cámaras oscuras y las cámaras fotográficas, y posteriormente harían las cámaras de televisión y vídeo, persigue el fin de captar y almacenar la vida. En el caso del cine esa operación se realiza registrando una cantidad de imágenes o fotogramas sobre un rollo de película o emulsión sensible a la luz.

El funcionamiento básico de la cámara se inicia en un objetivo que recoge la luz de la escena, enfocándola y dirigiéndola sobre la emulsión, que se convierte en latente, al abrirse el obturador durante el llamado tiempo de exposición. La película avanza, al cerrarse el obturador, por un sistema de arrastre mecánico accionado por un motor que se adapta a las perforaciones de la emulsión. Todos estos elementos se encuentran contenidos en un recipiente completamente opaco al que se le añade exteriormente un chasis herméticamente cerrado en el que se encuentre el negativo de la película y un visor a través del cual tendremos visión y control de la imagen que estemos rodando.

Las cámaras encuadran la realidad en un marco. Es lo que se llama formato de cuadro o ratio que hace referencia a la relación entre el ancho y el alto de la ventanilla. El formato más frecuente es el 1,33:1; que quiere decir que una determinada película tiene una relación de 1,33 de ancho por 1 de alto. (en televisión el equivalente se denomina 4:3. lo que impide el ajuste perfecto de los largometrajes rodados con otros ratio a la hora de su pase televisivo).

El diseño de la cámara y del proyector son casi idénticos, aunque obviamente inversos; hasta el punto de que los primeros aparatos cinematográficos diseñados por los Hermanos Lumiérè servían indistintamente para captar las imágenes y posteriormente proyectarlas.

Las cámaras de cine se clasifican según el tamaño (anchura) de la película; los más comunes son el Súper 8, el 16 mm., el 35 mm. y el 65 mm. Antiguamente existían otros formatos como el 8 mm y el 9’5 mm que han desaparecido.